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Por amor al arte

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King Vidor - The Fountainhead (1949)

The Fountainhead, de King Vidor, es una película que destila una intensidad extraña. Estrenada en 1949 y dirigida por King Vidor, la cinta nos narra la historia de Hoeward Roark (Gary Cooper), un arquitecto que, decidido a no dejarse llevar por las estéticas tradicionales y convencionales, tratará de proponer siempre obras que tengan su propio estilo y sello personal. Lo que importa para el protagonista es que la obra respete la visión personal del autor, que los edificios sean la visión fiel del que los diseño. Pero para esto, tendrá que enfrentarse a un grupo de personas que niegan el talento personal y consideran que, por el contrario, las obras solamente tienen valor si responden al gusto promedio. La idea es muy clara: lo personal contra la idea que sólo tiene valor lo que el estándar dicta.

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La película puede ser leída como un claro manifiesto anticomunista a principios de la guerra fría: el ser humano individual se enfrenta ante el gusto totalizante de lo que quieren las masas. El individualismo es la base de Howard Roark: su visión personal, su estilo de ver las cosas y de exponerlas va en contra del gusto popular, de lo que quiere la gente. Sin embargo, la cinta es muchísimo más que eso: es, por un lado, una mirada a la prensa y a la forma de trabajo de la misma en la sociedad americana de la época; y es, sobre todo, una gran reflexión sobre el arte, lo que significa el valor de la obra creativa.

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La película presenta toda una serie de personajes complejos: todos y cada uno de los seres que habitan la cita son personas complejas, reprimidas, que viven su vida de una forma intensa y sufrida. Tanto Dominique Fanton, la crítica de arquitectura que se enamora de Roarke pero que lo deja porque sabe que su visión artística será destruida y no quiere verlo sufrir, como Peter Keating (un personaje que hace pensar mucho en el magnate Rupert Murdoch), el dueño de un periódico sensacionalista (que responde a lo que quiere la gente) y que, poco a poco, irá cambiando y será el único en defender a Roark, son personajes levados al límite. Sus actitudes, siempre excesivas y arriesgadas, parecen responder a algo que estuviera fuera de su alcance, sobre lo cual no tuviesen control. Esto se debe a que Vidor siempre los filma resignados, asumiendo las actitudes que les toca asumir sin la menor emoción, como si ya estuviera predestinado. El momento en el que Keating le propone a Fanton matrimonio, o cuando Fanton acepta, son momentos que basan su fuerza en el hecho que ambos personajes actúan como si no tuvieran otra alternativa, como si estuvieran atrapados a hacer lo que están haciendo. La tragedia griega recorre The Fountainhead: los personajes parecen tener máscaras de normalidad, cuando en realidad viven sensaciones y pulsiones que son más fuertes que ellos y que los van consumiendo.

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Esta sensación de que algo más fuerte controla a los personajes no solamente es apreciable en los seres ya mencionados, sino también en el protagonista. Howard Roark es también un personaje que no tiene fisuras, que siempre nada con un semblante serio y que nunca deja que sus emociones lo dominen. Lo que lo mueve es el convencimiento de que su integridad artística está por encima de cualquier cosa. Y es justamente esa integridad artística lo que lo hace perder a la mujer que ama como también cometer el máximo acto de rebeldía contra el sistema. La actuación de Gary Cooper como Roark es extraordinaria: consigue otorgarle ese aire duro a un personaje que en realidad sufre, pero cuyo convencimiento guía sus actos sin importar el resultado.

Vidor lleva el relato a partir de una puesta en escena de gran intensidad. Se siente en todo momento halo trágico de la situación, como si los personajes estuvieran condenados a vivir y a sufirir por elementos que escapan de su capacidad de manejo. Esto no se debe sólo al trabajo actoral ya mencionado, sino también a una música grave que acompaña en todo momento. La iluminación, contrastada, genera una constante sensación de extrañeza en el ambiente, marcando siempre los rostros y los cuerpos (como durante el largo monólogo de Howard al final). Estos elementos hacen que cada una de las situaciones que viven los protagonistas nos aparezcan siempre muy cargadas dramáticamente, incluso si los actores guardan una máscara de compostura que la puesta en escena se encarga de desbaratar: es casi como si el ritmo desbordado que la película impone empujara a los protagonistas a actuar, y éstos, impotentes, obedecen.

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Esto hace que cada una de las situaciones, por más arriesgada o extrema que pueda parecer, aparezca como la consecuencia de un orden frente al cual los personajes no pueden escapar. El acto de rebeldía de Roark, por más increíble que pueda parecer, gracias a la intensidad de la puesta aparece como lógico, como algo que debía pasar. Vidor arrastra a unos personajes que aceptan, casi sin inmutarse, lo que les toca hacer, y en ese contraste radica la intensidad de la película.

Rodrigo Bedoya 


3 Respuestas a “Por amor al arte”


  1. 1 Francisco Urteaga Julio 4, 2008 a las 4:37 pm

    Me interesa mucho ver ésta película, sobretodo por ser un gran admirador a la señora Ayn Rand, pero por lo que he investigado es practicamente imposible de conseguir, en DVD o VHS o cualquier formato en vesión orifinal, por lo que me preguto, dónde la podría descargar o conseguir por algún medio electónico?.
    Mí e-mail es: super_moco@hotmail.com, de antemano gracias.

  2. 2 Anónimo Julio 5, 2008 a las 12:17 pm

    Qué tal Francisco! de dónde escribes? si es de Perú te aconsejo que busques la película en Polvos Azules en el pasaje 18 stand 3. Y en caso escribas del extranjero tal vez puedas hallarla si buscas en E-MULE. ojalá que por cualquiera de esas dos vías la encuentres. Saludos.

    César Guerra Linares
    (Coeditor del blog)

  3. 3 Francisco Urteaga Julio 6, 2008 a las 12:33 pm

    Soy de México, la buscaré en la página que mencionas, gracias.

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