28
Abr
08

Desde ahora y para siempre

John Huston - The Dead (Los Muertos, 1987)

La última película de John Huston (1906-1987) es considerada por muchos como su testamento fílmico. Se trataba de un proyecto largamente postergado por este realizador, quien a lo largo de su carrera había realizado notables adaptaciones de obras literarias (El Halcón Maltes, Moby Dick, El hombre que pudo reinar) y siempre había declarado su fascinación por la narrativa de James Joyce. Además, los antepasados de Huston eran irlandeses y por una temporada se asiló en una casa de campo de ese país. Esta última película, basada en el cuento final de Dublineses, marcaría en primer lugar un retorno a sus orígenes. El clasicismo y la sobriedad de la puesta en escena colaboran para ese efecto.

Los Muertos es una clase maestra de adaptación (o transposición) cinematográfica. Huston se apropia cabalmente de la historia y nos ofrece la paradoja del personaje principal, Gabriel Conroy (notable Donald McCann), hombre de letras que asiste junto a su bella esposa Gretta (Angelica Huston, la misma hija del realizador) a la cena que por el día de la Epifanía realizan anualmente sus ya ancianas tías. La concurrencia a esa fiesta grafica la idiosincrasia de Irlanda a comienzos del siglo XX, una sociedad sojuzgada por el dominio británico y que exacerba el nacionalismo como medio de resistencia. Los tipos sociales que asisten a la cena están retratados con precisión y un adecuado manejo del espacio cerrado de la casa permite que la interacción entre ellos sea fluida.

Precisamente ese cuadro de costumbres grafica el tema del cuento (y de toda la obra de Joyce) que el director reconstruye y asimila a su propia sensibilidad: la parálisis de unos personajes que viven aferrados a los recuerdos personales del pasado (las tías de Gabriel), a un tiempo próspero y autónomo al que la nación debiera retornar (los interesados en política), o a un momento de dicha irremediablemente perdido e inalcanzable en el presente (Gretta). En medio de ellos se levanta el personaje arquetípico de la cinematografía de John Huston: el perdedor, el inútil, el hombre destinado al fracaso pese a sus empeños, representado por Gabriel y el desengaño del que es víctima.

En el cuento original de Joyce el relato es narrado en tercera persona desde la perspectiva de Gabriel y a partir de sus reflexiones se apuntalan el sentido y las resonancias del texto. En la película se prescinde de cualquier voz en off que dé cuenta de lo que piensa el protagonista (con la excepción significativa de la última escena). La misma información nos es ofrecida a partir de los diálogos entre los comensales y de los gestos y la corporalidad de los actores. En este aspecto radica la maestría de la adaptación cinematográfica de una obra literaria: la película guarda gran fidelidad con el texto, tanto a nivel de la historia como a nivel del sentido, pero la correspondencia en este último aspecto no se debe a un simple juego de equivalencias. La película explora el tema de la muerte a partir de recursos cinematográficos. Por ejemplo, la escena donde una de las tías entona con dificultad una canción y la cámara la abandona para revisar la intimidad de su dormitorio, su vestuario y los objetos de su velador. Lo transitorio de la vida es presentado sin palabras, apelando al sonido y a las imágenes.

El tema de la película es el dolor por el bien perdido, pero el resultado jamás cae en lo evasivo o autocomplaciente. La muerte es omnipresente pese a ser un tabú: se la anuncia desde el título mismo y a lo largo de la narración entreteje una red de significaciones bastantes sutiles que se explicitan en el monólogo final de Gabriel tras escuchar la confesión de su mujer. Gretta, el único personaje que durante la reunión parecía estar a salvo de la melancolía de todo irlandés, se revela como una persona “muerta en vida” y negada a la pasión por un trágico hecho del pasado. Un amante de juventud fallecería de pulmonía por esperarla en el jardín un día de intensa nevada, y el recuerdo de ese joven enamorado no ha podido ser borrado de su memoria pese a todos los años transcurridos. Tras esa revelación, la posición de Gabriel en la vida de su esposa pierde consistencia y queda en evidencia su condición de ser transitorio y prescindible. En este momento irrumpe la voz en off y la reflexión del personaje se traslada desde su propia experiencia al mundo exterior: todos los seres de universo comparten ese perfil de sombras a punto de desvanecerse, como la nieve que cae sin parar y se pulveriza en un instante

El estigma de lo precario, de lo transitorio y de la muerte traspone los límites de la ficción e interpela la vida personal del director más allá del reencuentro con los orígenes irlandeses que mencionamos al inicio. John Huston dirigió esta película gravemente enfermo, en silla de ruedas y con un respirador artificial, y fallecería sin asistir a su estreno, a realizarse solo dos días después en el Festival de Venecia. El director sería el primer muerto, pero asumiría ese destino con el mismo estoicismo y lucidez que Gabriel y el resto de personajes de sus películas.

Javier Muñoz Días


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